Al árbol de Navidad natural le cuesta resistir

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Un trabajador de un vivero habla con unos clientes.

Miles de campogibraltareños ponen en sus casas este fin de semana el árbol de Navidad. Es una de las tradiciones de estas fechas. También lo era acudir a los viveros o a alguna tienda a elegir los abetos naturales sobre los que ese año se iba a colgar los adornos navideños. Ya cada vez menos. Hace años que los árboles artificiales le comieron terreno aunque aún hay quienes prefieren el encanto de lo natural. Acudimos a uno de estos viveros de la comarca, donde nos explican cómo subsisten las ventas de estos productos, nos hablan de sus ventajas, defienden su valor ecológico y nos aconsejan sobre su cuidado.

José Antonio es uno de los propietarios del Vivero Los Rosales, de Los Barrios. “Antes se llegaban a vender de 2.500 a 3.000 abetos naturales durante la Navidad, ahora se venden unos 250”, asegura. Otro de los trabajadores habla con un cliente, al que le comenta: “Cada vez se venden menos, va a llegar un momento que ni los traeremos”. “Antes todo esto –dice mientras señala una amplia extensión de su vivero- estaba lleno de árboles, ocupaba la mayor parte”, dice. Ahora, ocupan apenas una línea de unos diez metros y un trastero en el interior, por si este año las ventas son mayores.

Hubo una época en la que los viveros eran los únicos que vendían estos productos y parecían una feria de tanta gente que iban a comprar. “Luego empezaron a venderlas en gasolineras, en pequeños comercios, grandes superficies… por todos sitios hasta que dejaron de traerlos. Los centros comerciales traían dos o tres mil árboles y eso son todos pérdidas, se tenían que tirar”, explica José Antonio. “El problema es que yo tengo que pedirlo en agosto, tengo que prever cómo va a ir el año porque si me sobran, son pérdidas, no se pueden sembrar”, explica.

Parece que es una tradición en peligro de extinción aunque todavía quedan amantes de las fiestas navideñas que optan por el producto natural. Lo natural sobrevive. Una familia, formada por una pareja y su hija, se acerca y mira atenta los abetos. “Nosotros preferimos los naturales porque tiene más encanto, nos gusta más cómo quedan en casa. Cada año por estas fechas nos acercamos a algún vivero y nos llevamos uno”, explica la mujer. Otro comprador, además, comentan que no tienen mucho sitio en su casa para guardar un árbol artificial todo el año y, comenta, que “tampoco salen tan caros”. Los hay desde 15 euros.

Mucha gente prefiere el árbol de verdad por muchos motivos: no siempre es el mismo, cada año cambia de forma e incluso por el olor que desprende. También porque es una tradición que incluso va de padres a hijos, familias que empiezan a adornar sus casa y, como sus padres, lo hacen con un abeto de vivero para seguir con esa costumbre”, relata.

El árbol artificial apareció en su día como un triunfo ecológico, según muchas opiniones, mal entendido. La mayoría de estos árboles se realiza con productos plásticos que no permiten su reciclado y contaminan ya desde su producción. “Más ecológico que estos árboles no hay nada. Hay que tener en cuenta que si los dejan unos años más al final acaban arrancados para hacer madera y estos árboles son de criaderos especializados, todos vienen con su registro sanitario y certificados. No es como antiguamente que se arrancaba un árbol de cualquier sitio”, opina el propietario del vivero barreño, que insiste en que los abetos naturales pertenecen a viveros y se plantan exclusivamente para el consumo durante la Navidad. Los de su vivero, en Vizcaya.

También es cierto que un abeto natural precisa cuidados ya que son especies de zonas más frías. “En vez de regarlo, porque hay que regarlo, es bueno echarle hielo porque así enfrían la raíz”, explica José Antonio. “Hay veces que duran años pero normalmente viene un verano de calor y se lo llevan por delante porque son especies de la zona norte”, añade el propietario del vivero mientras ordena unas poinsettia, las plantas conocidas como pascuelos.

Tal vez los árboles naturales de Navidad vuelvan a ponerse de moda algún día, puede que incluso le favorezca la guerra que hay que librar contra el plástico, pero de momento siguen aguardando en un rincón de los viveros, alegrando la Navidad de los más tradicionales que prefieren su encanto.

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