Bolonia, el paraíso terrenal de ‘El Califa’

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Julio Anguita junto a Antonia y José Antonio Ríos, y el hijo de este último. Foto: Antonia Ríos
arcgisa


Septiembre. Ese es el mes que Julio Anguita había reservado en el Hostal Ríos, en Bolonia, para pasar las vacaciones de este año. Anguita, fallecido el pasado 16 de mayo, tenía previsto volver al lugar al que regresaba cada año a descansar después de que en 2019 tampoco pudiera hacerlo por una lesión en la rodilla.

“Aquí llegó en la época en que era alcalde de Córdoba, en los años ochenta, y solo faltó dos veces. El año en que falleció su hijo, y el pasado verano, cuando sufrió una lesión de rodilla”, nos cuenta Antonia Ríos, responsable del hostal junto a su hermano, José Antonio Ríos.

Antonia recuerda al político ahora fallecido en su rincón de siempre, en una mesa a la que pocos se acercaban, mostrándole así su respeto. “Cuando se arrimaban a él para pedirle un autógrafo, él les decía que no era Julio Iglesias, sino Julio Anguita. Tampoco le gustaban las fotos y tenemos muy pocas con él porque era muy reservado y muy humilde, el cliente menos exigente que teníamos en el hostal”, añade la propietaria.

Ella cuenta que al principio, en una de las veces que llegó a Bolonia, miembros de la Guardia Civil se acercaron hasta el hostal para ofrecerle escolta, cuestión a la que se negó Anguita, acostumbrado a la libertad de sus paseos por la playa, mañana y tarde, y a compartir dominó con sus compañeros de mesa en el restaurante del Ríos.

“Jugaba al dominó con la clientela, pero también con los de la casa. Recuerdo que el año en que España jugó el Mundial se nos incendió la cocina y Julio nos ayudó a limpiarla para que estuviera cuanto antes a disposición del público. Yo creo que nos apreciaba tanto porque no le dábamos la lata, y hasta se venía con nosotros de fiesta una vez que terminábamos de trabajar”, cuenta Antonia, quien conoció el fallecimiento de Anguita por otro cliente que le llamó desde Málaga para contárselo.

“He podido hablar con la mujer y ya lo echamos mucho de menos”, declara Antonia, acostumbrada a servirle sardinas asadas, atún o los guisos de su madre que tanto gustaban a El Califa, apodo con el que se conocía al que fue alcalde de Córdoba y coordinador general de Izquierda Unida.